VERSÃO CASTELHANA
Una nueva propuesta, más fácil y segura para recuperar la sonrisa
Dr. Alfonso Venturelli*
El transcurso del tiempo deja huellas indelebles. Envejecer significa afrontar diversas limitaciones que hacen la vida más difícil. En las últimas décadas, la ciencia médica ha prestado mucha atención a los problemas de la tercera edad a los fines de conducir a una vida más confortable y placentera.
La pérdida de los dientes es una mutilación aparentemente menor pero crece hasta llegar a ser desesperante en el caso de la pérdida total. Ésta significa en muchos casos, un verdadero trauma para quienes la padecen.
La falta total de dientes altera al individuo desde diversos puntos de vista: físico, funcional, estético y psico-emocional.
La Odontología desde siempre se ha preocupado por solucionar este problema y lo ha conseguido progresivamente mediante las prótesis dentales, pero no en todos los casos se obtiene el resultado deseado.
Un límite típico para dichos casos es la atrofia de los huesos maxilares. Dicha atrofia significa menor densidad ósea y una reducción del volumen del hueso maxilar que lleva a una progresiva pérdida de la capacidad de retención de las prótesis dentarias convencionales (la prótesis se cae permanentemente).
En cuanto al aspecto funcional, las consecuencias al no poder masticar correctamente son obvias.
Estéticamente es necesario recalcar que la reducción de hueso conlleva consecuentemente un cambio de fisonomía por la falta de soporte de los labios (dado por los dientes) y una modificación general del perfil facial con hundimiento de la zona maxilar. Estas características acentúan aún más el pasar de los años (rostro envejecido).
La sonrisa desnuda por completo el maxilar superior haciendo evidente las falencias de una prótesis poco estable.
No menos importantes son los problemas psico-emocionales que se derivan de la inseguridad y estrés ante la potencial caída de la prótesis en el momento más inoportuno.
Con el intento de minimizar este problema surgieron los implantes dentales a modo de raíces artificiales para dar retención a las prótesis removibles, mejorando notablemente la situación de la mayoría de los pacientes en todos sus aspectos. Existe siempre la posibilidad de implantes fallidos en aquellas personas que padecen de atrofia severa del maxilar.
- Implantes dentales -
El camino recorrido para llegar a disponer de implantes dentales confiables fue largo y fatigoso. En las últimas décadas de la historia de la Odontología podemos encontrar muchos estudios científicos que tienden a perfeccionar el empleo de implantes en las terapias de desdentados totales.
Una importante contribución fue la del Profesor P. I. Brånemark (Goteborg – Suecia) que introdujo un cambio decisivo a través de un atento y paciente análisis científico. Él llegó a definir el concepto de oseointegración (unión o soldadura biológica entre la superficie del implante y las células del hueso), indicando materiales y métodos que permiten obtener de manera confiable las condiciones esenciales para el uso de los implantes dentales.
En todos los casos, para poder utilizarlos, es necesario disponer de tejido óseo idóneo, ya sea desde el punto de vista morfológico, cuantitativo y cualitativo. Esta condición, sobre todo en presencia de enfermedades periodontales avanzadas, devastadoras y en casos de atrofia ósea severa de los maxilares, no es siempre absoluta: para salvar este inconveniente existen técnicas de “regeneración del tejido óseo” que en muchos casos pueden superar este límite, y otras, permitiendo aportar hueso donde no hay mediante injertos óseos.
- Injertos óseos para colocar implantes dentales -
Lamentablemente con demasiada frecuencia escuchamos el fracaso de los implantes. El motivo más importante de este fracaso es que en el maxilar superior de algunos pacientes hay poco hueso y de mala calidad. Para resolver esta precariedad de hueso, desde hace tiempo la profesión intenta hacerlo a través de injertos óseos. En pocas palabras significa implementar técnicas para restituir el hueso perdido.
Tal vez la profesión odontológica, en un principio, ha tratado con ligereza este tema, ya que en él se basa el éxito del implante.
La lista de variaciones para los injertos óseos es tan extensa que en el momento de tratar con injertos los defectos óseos de un maxilar gravemente atrofiado, los caminos a seguir son muy diversos y a veces contradictorios.
No existe una técnica universalmente aceptada cuando se trata de injertar hueso en un maxilar atrofiado.
Existen diversos materiales de injerto (alográficos, aloplásticos y xenográficos también llamados “sustitutos del hueso”), si bien se ha comprobado que el hueso propio del paciente (injerto autólogo) es el ideal.
Esto lleva a obtener hueso de diversos sitios donantes del mismo paciente: boca, mentón, cadera, tibia etc.
Otra cuestión es la modalidad de aplicación del hueso injertado que puede ser en bloque o en partículas, con la utilización de membranas protectoras del injerto o sin ellas.
Por otra parte, hay profesionales que preconizan la ubicación simultánea del injerto y del implante dental, mientras otros están convencidos que es necesario realizarlo en dos tiempos quirúrgicos diversos: primero el injerto óseo y una vez consolidado el mismo, se coloca el implante dental.
En resumen, al ser tan extensa la lista de variaciones de injertos óseos, esto indica por si mismo que no existe una solución única con aplicación universal.
La conclusión es la necesidad de un serio y meticuloso estudio previo de cada caso, por parte de profesionales calificados y con experiencia en el tratamiento de maxilares con grave atrofia ósea, que puedan elegir el procedimiento más apropiado para ese paciente.
- La atrofia del maxilar -
El profesor Brånemark fue uno de los primeros cirujanos que afrontó el desafío del tratamiento de la atrofia severa del maxilar con implantes.
Como advirtió la existencia de pacientes en los cuales ningún trabajo parecía funcionar, dirigió su atención hacia la respuesta de la siguiente pregunta: ¿Cómo podemos, de una manera simple, segura y predecible, restaurar la función a un paciente con un maxilar tan atrofiado que injertos e implantes ofrezcan un pronóstico inaceptable?
El Profesor Brånemark dirigió entonces sus estudios hacia los diferentes aspectos de los huesos craneofaciales con relación a sus capacidades de carga y su consecuente comportamiento. Encontró que muy próximo al hueso atrofiado del maxilar superior, se encuentran los huesos malares o cigomas que corresponden a los pómulos de la cara, con una muy buena calidad de hueso y un volumen aceptable para anclar los implantes dentales.
Si la naturaleza puede proporcionar un tipo de hueso denso o sea un óptimo anclaje y más predecible, colocar un implante dental en esa región, sería una válida alternativa a los procedimientos de injertos óseos en tratamiento de las atrofias del maxilar.
Su equipo diseñó entonces el implante cigomático, última palabra en implantes dentales (década del 90).Los implantes cigomáticos se distinguen fundamentalmente de los tradicionales en su diseño; para dar una idea de la diferencia basta mencionar su longitud que va de 30 a 52mm, mientras los tradicionales miden de 7 a 20 mm.
El primer paciente tratado fue uno de aquellos casos comprometidos donde el injerto óseo había fracasado. Después de décadas de sufrir tratamientos inútiles, finalmente el paciente podía recibir una dentadura fija anclada sobre los implantes cigomáticos.
- La Opción del Implante Cigomático -
Es sabido que el porcentaje de implantes fracasados en el maxilar superior es significativamente mayor a los implantes ubicados en el maxilar inferior o mandíbula. Esto se debe al frecuente problema de la mala calidad y cantidad de hueso disponible en el maxilar superior.
El procedimiento de injerto óseo implica una cirugía importante para los pacientes, que habitualmente son adultos o ya de la tercera edad, y para el cirujano maxilofacial.
Los pacientes que han pasado por diversas cirugías de injertos e implantes fracasados, solicitan ayuda desesperadamente y es entendible que quieran una solución permanente, con mínima cirugía y reducido tiempo de tratamiento.
El implante cigomático tiene por objetivo evitar los grandes injertos óseos en casos de atrofia severa de los huesos maxilares. Además el cigoma o hueso malar garantiza al implante del maxilar una estabilidad primaria comparable a la del hueso mandibular.
La nueva opción del implante cigomático es por lo tanto la solución buscada que llega de la mano de la cirugía maxilofacial.
Pero el implante cigomático no solamente es útil para solucionar estos casos dramáticos sino también rutinariamente ante un maxilar completamente desdentado con cantidad y calidad de hueso precarias.
El implante cigomático reduce la necesidad de injerto óseo en un 75% de los casos de atrofia severa de los maxilares. Esto significa que el paciente debe afrontar una cirugía en lugar de dos y que los tiempos de tratamiento se reducen a la mitad comparado con los procedimientos de injerto óseo al que debe sumarse la colocación del implante. A esto se agrega el beneficio para el paciente de evitar las posibles complicaciones de la herida del sitio donante del injerto.
La principal causa de elección del implante cigomático es que la cirugía es única y menos traumática para el paciente, además de tener un mejor pronóstico.
Las ventajas del nuevo procedimiento con implante cigomático son:
- se realiza en menos tiempo,
- reduce el riesgo de complicaciones,
- causa menos dolor,
- es predecible el resultado a largo plazo,
- ofrece al paciente un tiempo de tratamiento más corto.
Se podría decir hoy que la opción del implante cigomático es la primera alternativa cuando se planifica un tratamiento de atrofia severa de maxilar.

Texto:
Alfonso Venturelli
Cirujano Maxilofacial
Consultor da Clínica da Face
CSI
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Tel.: ++ 011-5252.6633
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